Donde hay un ser humano hay emociones

El papel de las emociones en nuestro trabajo.

 

Donde hay un ser humano, hay emociones.  También hay razón y pensamiento, por supuesto, pero la idea de que nos comunicamos principalmente desde el pensamiento lógico y racional, y que somos capaces de dejar las emociones de lado, va quedando cada vez más obsoleta.

Donde hay un ser humano, hay emociones.  Más aún la neurociencia ha demostrado el papel relevante de las emociones en la forma en que percibimos a los demás y al mundo; y en las decisiones que vamos tomando momento a momento.  Es tanto el poder de las emociones en nuestra experiencia humana, que cuando aparecen en una alta intensidad, son capaces de bloquear el funcionamiento de nuestra corteza prefrontal, que es la parte del cerebro encargada de las funciones ejecutivas y cognitivas; de la lógica y la razón.    Es por ello que resulta importante profundizar en la comprensión del cerebro humano, para comprendernos mejor a nosotros mismos, así como a los demás.

Dónde hay un ser humano hay emociones, y un establecimiento educacional no es la excepción.  Aprender a percibir y gestionar tus propias emociones, te va a permitir modular la intensidad de tus emociones, y propiciar la activación de un estado de calma y que te faculte para tomar decisiones conscientes en lugar de accionar de forma reactiva.   Aprender a contener el flujo de tus emociones, te dará la libertad de elegir el mejor estado para hacer frente a las situaciones que te surjan durante el día.

Dónde hay un ser humano hay emociones.  Por lo tanto, la autorregulación emocional, se convierte en una práctica significativa para el desarrollo de interacciones sociales positivas.   Además, aprender a activar la escucha empática, nos permite crear apertura hacia la diferencia del otro, activa en nosotros la curiosidad sana y el sentido de apoyo y colaboración.

Dónde hay un ser humano hay emociones.  Es por eso que debemos aprender a darle espacio a las emociones en todos los contextos, observarlas sin temor, expresarlas de forma asertiva, tomarlas en cuenta en nuestras decisiones.  Activar la inteligencia emocional tanto en nosotros mismos como en toda la comunidad educativa.  De esta forma, apoyaremos a nuestros niños y niñas a tener un mundo mejor, más humano, conectado y real.

 

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